En el Mundial de Francia del año 1938, el que era el dictador italiano, Benito Mussolini, envió un telegrama a los integrantes de la “La Squadra Azzurra" en el que se leía la frase de “Vencer o morir”. Así fue como los italianos se alzaron con un titulo, la copa del mundo, que ya habían conseguido cuatro años antes, en el Mundial de 1934, en el que también, por desgracia, la mano de Mussolini según explican algunos jugadores italianos que disputaron ese torneo también estuvo presente.

En el partido de ayer, sin embargo, no estaba presente la temida figura del “Duce”, pero sí la del entrenador del Chelsea, José Mourinho, que quiso emular al dictador italiano ordenando a sus “soldados” frenar al bando enemigo, el Fútbol Club Barcelona, a base de juego sucio.
El provocador José Mourinho planteó una “batalla” que transcurrió a la perfección para los intereses del equipo británico, trató y consiguió incluso antes del partido desconcentrar al hasta ayer tranquilo Frank Rijkaard, al acusar a los jugadores del Barça de teatreros. El holandés cometió el error de contestarle al decir que solo los perdedores se quejan, así fue como el técnico “blue” cumplió su objetivo de introducir al técnico rival en ese “juego sucio” que ya he mencionado.

Con este ambiente enrarecido, se inició un vibrante partido en el que el Barça supo corregir uno de sus errores de esta temporada al salir al campo muy mentalizado, presionando desde el primer minuto. Esto le sirvió para adelantarse en el marcador gracias a Deco, que solito se fabricó un jugadón tras robarle la bola a Boulahrouz (que no estuvo tan afortunado como en la ida y “facilitó” los dos goles de los blaugrana) para posteriormente disparar desde la frontal del área y batir al guardameta Hilario. El Chelsea supo reaccionar, y, a base de patadas, cortó alguna ocasión peligrosa de la delantera blaugrana. El partido se trababa por momentos y el equipo ingles consiguió de forma definitiva imponerse al contagiar a los blaugrana, en especial al siempre polémico Thiago Motta, ese fútbol rudo propio de Mourinho. De esta forma se llegó al final de la primera parte.

La segunda comenzó mal para el Barcelona. Los blaugrana salieron “dormidos” tras el descanso y después de varias acometidas sin éxito del Chelsea, Frank Lampard, consiguió igualar el resultado de forma espectacular, al batir a Víctor Valdés con una vaselina desde el lado derecho del marco sin apenas ángulo.

Fue entonces el Barça el que supo recomponerse, gracias, en parte, a la entrada en el campo de Edmílson en sustitución de Motta, que había sido sancionado con tarjeta amarilla y corría el riesgo de ser expulsado. La inclusión del Brasileño en el campo favoreció el juego de los azulgrana, en especial el del astro brasileño Ronaldinho, que recibió un par de balones para hacer la jugada que a él más le gusta, recibir el balón en el lado izquierdo, encarar a su marcador y despues hacer la diagonal para chutar a gol o como en esta ocasión asistir a un compañero. Anoche el beneficiado fue Gudjohnsen que solo tuvo que empujar el balón a las mallas y establecer así el 2 a 1 en el electrónico.
El final del partido se acercaba y de forma paulatina el árbitro adquiría protagonismo tras una serie de jugadas polémicas como la segunda tarjeta amarilla a Cole, que al final no fue, la terrible patada del portugués Carvalho a su compatriota Deco y en especial su discutida actuación al conceder seis minutos de tiempo añadido, en los cuales el Chelsea consiguió de nuevo poner las tablas en el marcador tras un control orientado espectacular de Drogba que él mismo se encargó de materializar.
Así finalizó un partido en el que se enfrentaron dos de los mejores, si no los mejores equipos del mundo, el resultado de empate a dos refleja bien lo sucedido en el partido, ya que cualquiera de los dos podía haber ganado o como ocurrió empatado. Sin embargo, en el computo global se puede decir que el equipo de las islas ha salido vencedor ya que con total seguridad será primero de grupo mientras el Barça tendrá que disputar la segunda plaza, que le permita acceder a la siguiente ronda, con el Werder Bremen.

En cuanto al duelo de técnicos parece claro que “Mou”, ha sido un digno vencedor ya que pese a que su prepotencia y soberbia nos haga en ocasiones aborrecerlo no cabe duda de que es un gran entrenador que ha sabido imponer a sus jugadores un estilo de juego muy eficiente y a su vez sus criticadas provocaciones, que como él mismo ha reconocido realiza con el objetivo de quitar presión a sus jugadores, parecen surtirle efecto.


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Eduardo Fernández - Abascal